Remedios
No me resistí. Tampoco creo que lo hubiera hecho de habérmelo permitido el dolor. Aún hoy, años después, no he vuelto a sentir todo aquel dolor que aguantó aquel cuerpecito.
Quienquiera que me hubiera recogido alivió el dolor. Mis ojos, la mano, las piernas…
Lo primero que capté al recuperar los sentidos fue la suave fragancia de la infusión que me dio a beber. Debía ser algún tipo de relajante, el sueño vino casi al instante.