El Paso
Fuego…
El fuego y mi abuelo envuelto por las llamas, abrazado a una misteriosa mujer, es uno de los últimos recuerdos que atesoro de mi vida anterior. Corrí hacia las llamas para salvarlo. Yo, una niña de tan sólo diez años…
Un destello distrajo mi atención tan sólo un segundo, recogí el colgante que él me había regalado y, al volver la vista, la mujer había desaparecido ¿y mi abuelo junto a ella?
Recuerdo el fuego rodeándome y luego la oscuridad y el dolor.
¿Un Comienzo?
Lo que de pequeña creía un mundo de fantasía tan sólo presente en los libros y los apuntes de mi abuelo, fruto de una fértil y maravillosa imaginación, resultó ser una realidad mucho más allá de lo realmente creíble, como uno de esos sueños que se hacen realidad de vez en cuando.
Aún conservo algunos recuerdos de cómo me enseñó a leer. Sentada en su regazo, interminables tardes en su estudio, apartada del mundo de mis padres, hojeando unas páginas que él mismo había escrito sobre cómo nació el mundo de Sindoril… Seeran, Ormaen, el Gran Árbol, las lágrimas de Seeran… en alguna ocasión veía a mi abuelo emocionado observando los bellos grabados del libro de páginas amarillentas.
Recuerdo su barba descuidada, el olor a lavanda que siempre despedía su ropa, sus chispeantes ojos verdes…
No recuerdo su nombre… de hecho, no recuerdo ni el mío por aquel entonces. A mi memoria sólo llegan algunos detalles de aquella vida que llevé hace tanto tiempo en un “lugar” tan lejano ya…