Remedios

Junio 10, 2008 at 7:02 pm (preludios) ()

No me resistí. Tampoco creo que lo hubiera hecho de habérmelo permitido el dolor. Aún hoy, años después, no he vuelto a sentir todo aquel dolor que aguantó aquel cuerpecito.

Quienquiera que me hubiera recogido alivió el dolor. Mis ojos, la mano, las piernas…

Lo primero que capté al recuperar los sentidos fue la suave fragancia de la infusión que me dio a beber. Debía ser algún tipo de relajante, el sueño vino casi al instante.

Permalink Deja un comentario

Perdida

Junio 2, 2008 at 3:25 pm (preludios) ()

Y tras la oscuridad y el dolor… una luz cegadora y más dolor.

Así fue mi llegada a Sindoril, aunque yo aún no podía ni imaginarlo.

Volví a la consciencia desorientada, sin saber ni en qué posición me encontraba. Con un poco de lógica podría encontrarme en un hospital. Con mucha imaginación, saliendo de una pesadilla, a salvo en mi propia cama.

Abrí los ojos para salir de dudas y la luz me cegó, sumiéndome en un dolor más agudo si cabía.

No oía nada, ni mis propios sollozos. Ni era capaz ni de moverme. ¿Dónde estaba?, ¿qué estaba pasando?

Hasta que alguien… o algo, me levantó en vilo y alivió mi dolor.

Permalink Deja un comentario

El Paso

Mayo 31, 2008 at 10:25 pm (preludios) ()

Fuego…

El fuego y mi abuelo envuelto por las llamas, abrazado a una misteriosa mujer, es uno de los últimos recuerdos que atesoro de mi vida anterior. Corrí hacia las llamas para salvarlo. Yo, una niña de tan sólo diez años…

Un destello distrajo mi atención tan sólo un segundo, recogí el colgante que él me había regalado y, al volver la vista, la mujer había desaparecido ¿y mi abuelo junto a ella?

Recuerdo el fuego rodeándome y luego la oscuridad y el dolor.

Permalink Deja un comentario

¿Un Comienzo?

Mayo 29, 2008 at 6:05 pm (preludios) ()

Lo que de pequeña creía un mundo de fantasía tan sólo presente en los libros y los apuntes de mi abuelo, fruto de una fértil y maravillosa imaginación, resultó ser una realidad mucho más allá de lo realmente creíble, como uno de esos sueños que se hacen realidad de vez en cuando.

Aún conservo algunos recuerdos de cómo me enseñó a leer. Sentada en su regazo, interminables tardes en su estudio, apartada del mundo de mis padres, hojeando unas páginas que él mismo había escrito sobre cómo nació el mundo de Sindoril… Seeran, Ormaen, el Gran Árbol, las lágrimas de Seeran… en alguna ocasión veía a mi abuelo emocionado observando los bellos grabados del libro de páginas amarillentas.

Recuerdo su barba descuidada, el olor a lavanda que siempre despedía su ropa, sus chispeantes ojos verdes…

No recuerdo su nombre… de hecho, no recuerdo ni el mío por aquel entonces. A mi memoria sólo llegan algunos detalles de aquella vida que llevé hace tanto tiempo en un “lugar” tan lejano ya…

Permalink Deja un comentario